Inauguración de la fuente central del Paseo en 1913 |
Como se puede observar los actos fueron especiales, como merecía la inauguración de una de las mejoras urbanas más importantes que hasta aquellos años se habían realizado en Villanueva de los Infantes. Hay que recordar que hasta 1910 el solar que ahora ocupa el paseo albergaba el cementerio público de la ciudad. Aquel viejo cementerio fue clausurado en agosto de 1855 por la insalubridad que producía los numerosos enterramientos de fallecidos por la epidemia de cólera morbo que azotaba La Mancha ese verano. Aunque no se celebraban entierros desde 1855 al menos hasta 1910 era un lugar de culto para muchas familias que acudían a visitar los panteones de sus antepasados. Frente a estos también eran visibles las tumbas abiertas y los restos de los difuntos repartidos sobre el terreno. El lugar, por apartado y poco vigilado, era lugar de juegos de la muchachada del barrio que a modo de diversión saltaban las viejas tapias para inspeccionar las sepulturas. El aspecto era macabro.
Por fin, entre 1910 y 1913, el alcalde, Francisco Ordóñez de la Cruz, emprendió una de las obras más deseadas por el pueblo: la definitiva desaparición del viejo cementerio de san Juan. En 1911 ordenaba la deseada monda. Muchos restos, como los del diputado de 1812 y firmante de la Constitución de Cádiz, Fernando Melgarejo de los Cameros, fueron trasladados al nuevo cementerio. Otros, la mayoría, en una carretilla, fueron depositados en un osario común que hasta fechas no muy lejanas aún era visible en el actual cementerio.
El nuevo paseo fue dotado de todo lo necesario para convertirse en un espacio de recreo y solaz principalmente en verano. Hasta entonces los lugares de paseo era las plazas, mal arboladas, con abrevaderos de agua, como el que existía frente a la casa de Pedro Pérez Pastor en la Fuente Vieja y por tanto lugares para la caballería. La glorieta también fue arbolada en aquellos años, sin embargo no era un lugar de recreo. La plaza de santo Domingo ofrecía un aspecto desolador. Ni una sombra. Tapias como la de la bodega de los Marín y al fondo el portalón del cementerio.
Con el nuevo paseo, cambió el espacio, y también la mentalidad. Se plantaron árboles y macetones traídos desde Zaragoza. El maestro de obras, Rosario Torrijos, construyó una caseta para el guarda, que aún se mantiene, y en cuyo techo se albergaron los depósitos de agua para surtir las dos fuentes que se construyeron. La principal fuente era de hierro fundido en Barcelona y, lamentablemente, se encuentra arrinconada junto al actual cuartel de la Guardia Civil en la carretera de Manzanares. De la otra fuente muestro una rancia fotografía de su inauguración en 1913. El recinto se cercó con una valla de espino y todos las tardes de verano era regado. En 1916 se levantó la ermita del Calvario actual y en 1918 la bodega de los Atance, los Marachoneros, que después ocupó Víctor Jiménez, Vitorillo. A su lado la vieja alcoholera de la duquesa, actual bodega del duque de san Fernando. Desde este punto hacia las eras altas, el paseo largo.
Fuente: La historia de Infantes en migajas
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